Cinco asesinatos confirmados. Dos supervivientes. Cartas enviadas a los periódicos. Criptogramas. Amenazas. Un símbolo convertido en firma. Decenas de sospechosos y una pregunta que lleva más de medio siglo sin respuesta: ¿quién fue realmente el asesino del Zodiaco?
California, finales de los años sesenta.
Mientras Estados Unidos vivía la guerra de Vietnam, las protestas estudiantiles, el movimiento hippie y una transformación social extraordinaria, alguien comenzó a matar en el norte de California.
Pero aquel hombre no quería únicamente matar.
Quería ser conocido.
Escribió a los periódicos, desafió a la policía, envió criptogramas, proporcionó detalles que parecían demostrar su relación con los crímenes y creó incluso su propia identidad pública.
Se llamó a sí mismo Zodiac.
Y utilizó como firma un círculo atravesado por una cruz, parecido a la retícula de una mira telescópica.
Más de medio siglo después, todavía no sabemos con certeza quién estaba detrás de aquel símbolo.
El caso ha producido miles de páginas de investigaciones, documentales, películas, libros, teorías y sospechosos. Algunos investigadores han creído estar muy cerca de resolverlo. En numerosas ocasiones se ha anunciado que la identidad del asesino finalmente había sido descubierta.
Pero existe un problema.
Ninguna identidad ha sido demostrada de manera concluyente.
Esta es la historia de los asesinatos, las cartas, las pruebas y los hombres que pudieron haber sido Zodiac.
El primer ataque: dos adolescentes en Lake Herman Road
La noche del 20 de diciembre de 1968, David Arthur Faraday, de 17 años, y Betty Lou Jensen, de 16, salieron juntos.
Era prácticamente una cita.
En algún momento aparcaron el automóvil de Faraday en una zona apartada de Lake Herman Road, cerca de Benicia, California.
Nunca regresaron.
Alguien se aproximó al vehículo.
Lo que ocurrió exactamente durante los siguientes minutos solo lo conocieron el asesino y sus víctimas.
Faraday recibió un disparo en la cabeza.
Jensen consiguió correr.
El asesino disparó varias veces contra ella mientras trataba de escapar.
Su cuerpo quedó tendido a pocos metros del automóvil.
Los investigadores tenían dos adolescentes muertos.
Pero todavía no tenían al Zodiaco.
Ni siquiera sabían que estaban ante el comienzo de uno de los casos criminales más famosos del siglo XX.
4 de julio de 1969: Zodiac deja vivo a un testigo
Más de seis meses después, durante la noche del 4 de julio de 1969, Darlene Ferrin, de 22 años, y Michael Mageau, de 19, estaban dentro de un automóvil estacionado en Blue Rock Springs Park, cerca de Vallejo.
Un vehículo se aproximó.
Se marchó.
Después regresó.
Un hombre bajó y caminó hacia ellos.
Mageau pensó inicialmente que podía tratarse de un policía.
Entonces comenzó a disparar.
Darlene Ferrin murió.
Michael Mageau sobrevivió.
Y aquella diferencia resultaría fundamental: Zodiac había dejado con vida a una persona que lo había visto.
Pero el asesino todavía tenía preparada otra sorpresa.
Aproximadamente cuarenta minutos después del ataque, un hombre telefoneó a la policía desde una cabina.
Confesó el crimen.
Y no solo ese.
También se atribuyó los asesinatos de David Faraday y Betty Lou Jensen.
El desconocido acababa de conectar ambos ataques.
La policía empezaba a comprender que podía estar persiguiendo al mismo hombre.
Las cartas que cambiaron el caso
El 31 de julio de 1969, tres periódicos recibieron cartas extraordinariamente similares: The San Francisco Chronicle, The San Francisco Examiner y Vallejo Times-Herald.
El autor aseguraba ser responsable de los ataques.
Pero no se limitaba a confesar.
Proporcionaba detalles de los crímenes que pretendían demostrar que realmente era el asesino.
Y junto a las cartas apareció algo todavía más extraño.
Un criptograma de 408 símbolos dividido en tres partes.
El desconocido exigió que los periódicos publicaran los mensajes.
Si no lo hacían, amenazaba con volver a matar.
Había nacido algo mucho más peligroso que un asesino desconocido.
Había nacido un personaje.
«This is the Zodiac speaking»
La policía pidió públicamente al autor de las cartas que aportara más información para demostrar que realmente era el asesino.
La respuesta llegó rápidamente.
El 4 de agosto de 1969, The San Francisco Examiner recibió otra carta.
Comenzaba con una frase que terminaría formando parte de la historia criminal estadounidense:
«This is the Zodiac speaking.»
«Habla el Zodiaco.»
Era la primera vez que utilizaba públicamente el nombre por el que terminaría siendo conocido en todo el mundo.
Ya no era simplemente un hombre al que buscaba la policía.
Ahora tenía nombre.
Tenía símbolo.
Y tenía público.
El primer código del Zodiaco: Z408
El criptograma de 408 caracteres fue publicado.
El asesino insinuaba que su identidad estaba escondida en su interior.
Eso provocó que expertos y aficionados intentaran resolverlo.
Pero quienes finalmente lo consiguieron no pertenecían al FBI ni a ninguna sofisticada agencia de inteligencia.
Fueron Donald y Bettye Harden, un matrimonio de Salinas, California.
En apenas unos días consiguieron descifrar gran parte del mensaje.
Y descubrieron algo inquietante.
El autor hablaba de su placer por matar y describía la creencia de que las personas asesinadas se convertirían en sus esclavos después de la muerte.
Pero había una enorme decepción.
No aparecía su nombre.
El asesino había prometido un misterio.
El criptograma proporcionó una ventana a su discurso.
Pero no una identidad.
Lake Berryessa: el hombre de la capucha
El 27 de septiembre de 1969, Bryan Hartnell y Cecelia Shepard estaban junto al lago Berryessa, en el condado de Napa.
Entonces apareció un hombre.
Esta vez el atacante presentaba un aspecto muy diferente.
Llevaba una especie de capucha negra que ocultaba su rostro. Sobre el pecho aparecía el mismo símbolo circular con una cruz que Zodiac utilizaba en sus cartas.
El hombre llevaba un arma.
Contó a la pareja una historia sobre una fuga de prisión y afirmó necesitar dinero y un automóvil para escapar hacia México.
Después los ató.
Y los apuñaló repetidamente.
Antes de marcharse, escribió en la puerta del automóvil de Hartnell las fechas de los ataques anteriores y añadió la fecha de aquel mismo día.
Después telefoneó a la policía para comunicar el ataque.
Cecelia Shepard murió dos días más tarde.
Bryan Hartnell sobrevivió.
Por segunda vez, una víctima del Zodiaco conseguía sobrevivir.
Paul Stine: el crimen que casi permitió capturarlo
Dos semanas después ocurrió algo completamente diferente.
El 11 de octubre de 1969, el taxista Paul Stine recogió a un pasajero en San Francisco.
El hombre pidió ser llevado hasta Presidio Heights.
Cuando llegaron, el pasajero disparó a Stine en la cabeza.
Tenía 29 años.
Pero esta vez Zodiac cometió un crimen en una zona urbana y visible.
Varios testigos observaron al sospechoso.
La policía acudió rápidamente.
Y entonces ocurrió uno de los errores más famosos de toda la investigación.
La descripción transmitida inicialmente por radio identificó erróneamente al sospechoso como un hombre negro.
Dos policías que acudían hacia la escena observaron a un hombre blanco caminando por la zona.
No lo detuvieron.
Posteriormente, el agente Donald Fouke describió a aquel individuo.
La posibilidad resulta escalofriante:
la policía pudo cruzarse directamente con Zodiac minutos después de un asesinato y dejarlo marchar debido a una descripción incorrecta.
Nunca se pudo demostrar que aquel hombre fuera efectivamente el asesino.
Pero el propio Zodiac afirmaría posteriormente que la policía había hablado con él.
El trozo de camisa que demostró que la carta era auténtica
Inicialmente, la muerte de Paul Stine podía parecer un robo.
Hasta que llegó otra carta.
El autor afirmaba ser el asesino del taxista.
Dentro del sobre había algo que transformaba aquella afirmación en una prueba extraordinariamente convincente:
un fragmento ensangrentado de la camisa de Paul Stine.
El asesino había arrancado una parte de la prenda antes de abandonar el taxi.
Posteriormente envió otros fragmentos.
Ya no podía descartarse fácilmente al autor de las cartas como un simple impostor.
Quien había escrito aquel mensaje había tenido acceso directo a una prueba procedente de la víctima.
Las cinco víctimas confirmadas del Zodiaco
Pese a todas las afirmaciones realizadas posteriormente por el propio asesino, las autoridades han vinculado oficialmente al Zodiaco con cinco asesinatos y dos supervivientes:
David Faraday, 17 años — asesinado el 20 de diciembre de 1968.
Betty Lou Jensen, 16 años — asesinada el 20 de diciembre de 1968.
Darlene Ferrin, 22 años — asesinada el 4 de julio de 1969.
Cecelia Shepard, 22 años — atacada el 27 de septiembre y fallecida dos días después.
Paul Stine, 29 años — asesinado el 11 de octubre de 1969.
Los supervivientes fueron Michael Mageau y Bryan Hartnell.
Zodiac, sin embargo, terminaría afirmando que había matado a muchas más personas.
En una comunicación de 1974 escribió una especie de marcador:
«Me = 37, SFPD = 0.»
Es decir, él afirmaba llevar 37 víctimas mientras la policía de San Francisco seguía sin atraparlo.
Nunca se ha demostrado que esa cifra fuese cierta.
El criptograma de 340 caracteres
El 8 de noviembre de 1969, Zodiac envió otro criptograma al San Francisco Chronicle.
Contenía 340 símbolos.
Y resultó ser muchísimo más difícil que el anterior.
Expertos, criptógrafos, investigadores y aficionados intentaron descifrarlo durante décadas.
Nada.
El mensaje permaneció en silencio durante 51 años.
Hasta 2020.
David Oranchak, Sam Blake y Jarl Van Eycke consiguieron finalmente resolverlo utilizando software y diferentes técnicas criptográficas.
El mensaje volvió a resultar perturbador.
Zodiac se burlaba de quienes intentaban capturarlo y hablaba de no tener miedo a morir.
Pero, una vez más, faltaba aquello que todos querían encontrar.
Su nombre.
La solución fue revisada por el FBI, que reconoció el trabajo de los investigadores.
Después de medio siglo esperando que Z340 revelara quién era Zodiac, el asesino consiguió gastarnos una última broma:
el mensaje hablaba.
Pero no decía quién lo había escrito.
Los otros códigos: Z13 y Z32
Todavía existen dos pequeños criptogramas especialmente famosos.
En abril de 1970 Zodiac envió una carta que comenzaba anunciando:
«My name is…»
«Mi nombre es…»
Después aparecían trece símbolos.
Es el denominado Z13.
El problema es que trece caracteres proporcionan una cantidad de información demasiado pequeña para comprobar de manera fiable una solución única.
A lo largo de los años se han propuesto innumerables nombres.
Ninguno ha podido demostrarse definitivamente.
Otro código, denominado Z32, acompañó una carta relacionada con un mapa y una supuesta bomba.
Tampoco existe una solución universalmente aceptada.
Por tanto, el gran rompecabezas continúa.
Z408 fue resuelto.
Z340 fue resuelto.
Pero Z13 y Z32 siguen sin una solución demostrada.
Las amenazas contra un autobús escolar
Zodiac comprendió perfectamente el poder de los medios de comunicación.
No necesitaba cometer un asesinato cada semana para mantener aterrorizada a una ciudad.
Bastaba una carta.
Después del asesinato de Paul Stine amenazó con atacar un autobús escolar.
En otras comunicaciones describió supuestos dispositivos explosivos.
Las amenazas provocaron una enorme alarma.
Ese componente resulta esencial para comprender al personaje.
Zodiac no solo atacaba físicamente.
Construía miedo.
Sabía que un periódico podía multiplicar una amenaza.
Sabía que la policía tendría que responder.
Y sabía que cada carta volvía a colocar su nombre en primera página.
¿Cuántas cartas envió realmente Zodiac?
Este es otro de los puntos donde conviene ser prudente.
Existen comunicaciones ampliamente aceptadas como auténticas y otras cuya autenticidad ha sido discutida.
Las cartas confirmadas o generalmente consideradas auténticas incluyen las primeras comunicaciones de julio y agosto de 1969, las relacionadas con Paul Stine, los criptogramas Z408 y Z340 y diferentes cartas y tarjetas posteriores.
Las comunicaciones contienen amenazas, burlas, símbolos, referencias culturales, cifras de supuestas víctimas y errores ortográficos.
También proporcionaron muestras de escritura manuscrita que serían comparadas posteriormente con las de diferentes sospechosos.
Pero después apareció un problema inevitable.
Cuando Zodiac se convirtió en una celebridad criminal, cualquiera podía intentar hacerse pasar por él.
Separar las comunicaciones auténticas de los posibles imitadores se convirtió en otro rompecabezas.
Las pruebas físicas: ¿qué dejó realmente Zodiac?
Pese a la extraordinaria cantidad de documentación existente, la evidencia física concluyente es sorprendentemente limitada.
Entre los elementos más importantes figuran:
Huellas dactilares. Se recuperaron impresiones relacionadas con la escena del asesinato de Paul Stine, aunque ha existido debate sobre si todas ellas pertenecían necesariamente al asesino.
Escritura manuscrita. Numerosas cartas permitieron realizar comparaciones grafológicas con sospechosos.
ADN. Se han realizado intentos de obtener perfiles genéticos a partir de sobres y sellos relacionados con las comunicaciones. El problema fundamental es determinar si cualquier ADN recuperado pertenece realmente al autor y no a otras personas que manipularon las cartas.
Casquillos, proyectiles y armas. Las diferentes escenas proporcionaron evidencia balística.
El fragmento de la camisa de Paul Stine. Constituye una de las conexiones más fuertes entre determinadas cartas y un asesinato confirmado.
Testimonios de supervivientes y testigos. Michael Mageau, Bryan Hartnell y los testigos relacionados con el asesinato de Stine aportaron descripciones del atacante.
Y finalmente estaba la propia voz.
Zodiac realizó llamadas telefónicas relacionadas con algunos ataques.
A pesar de todo ello, ninguna prueba consiguió producir aquello que parecía inevitable:
un nombre demostrado.
Arthur Leigh Allen: el sospechoso más famoso
Si preguntamos quién pudo ser Zodiac, un nombre aparece por encima de todos los demás:
Arthur Leigh Allen.
Allen nació en 1933 y trabajó como profesor, entre otras ocupaciones.
La policía comenzó a investigarlo seriamente después de que un conocido suyo, Donald Cheney, informara a las autoridades de conversaciones inquietantes que supuestamente había mantenido con Allen.
Según Cheney, Allen había hablado de ideas extraordinariamente parecidas a características posteriormente asociadas con Zodiac.
Allen también poseía un reloj de la marca Zodiac cuyo logotipo utilizaba un símbolo similar al círculo y la cruz empleados por el asesino.
Había estado en la zona de Lake Berryessa el día del ataque.
Y durante una entrevista policial hizo un comentario especialmente extraño: explicó que unos cuchillos ensangrentados que había tenido en su automóvil aquel día se debían a que había matado pollos.
Todo aquello parecía extraordinariamente sospechoso.
La policía consiguió órdenes para registrar propiedades relacionadas con Allen.
Durante décadas permaneció como el candidato más famoso.
Pero entonces aparecen los problemas.
Las pruebas que no encajan con Arthur Leigh Allen
La escritura de Allen no coincidió de manera convincente con las cartas del Zodiaco.
Sus huellas dactilares tampoco coincidieron con las impresiones atribuidas al caso.
Una comparación realizada posteriormente con un perfil parcial de ADN recuperado de comunicaciones atribuidas al Zodiaco tampoco produjo una coincidencia con Allen, aunque el valor definitivo de aquel ADN ha sido discutido porque no puede asegurarse con absoluta certeza que procediera del propio asesino.
Y nunca apareció una prueba física concluyente que situara a Allen en una de las escenas de los asesinatos confirmados.
Esto explica por qué Arthur Leigh Allen ocupa una posición tan peculiar en el caso.
Existe una cantidad extraordinaria de evidencia circunstancial sugerente.
Pero falta aquello que habría permitido cerrar el expediente:
la prueba definitiva.
Allen murió en 1992.
Nunca fue acusado formalmente de ser el asesino del Zodiaco.
Lawrence Kane: otro nombre que nunca desaparece
Otro sospechoso frecuentemente mencionado es Lawrence Kane.
Su nombre se ha relacionado especialmente con la desaparición de Donna Lass, una enfermera de Lake Tahoe cuya desaparición ha sido vinculada hipotéticamente con Zodiac.
Kane trabajaba en el mismo complejo hotelero relacionado con Lass.
También fue señalado por investigadores independientes debido a supuestas similitudes físicas y otras circunstancias.
Sin embargo, volvemos al mismo problema.
No existe una prueba física concluyente que demuestre que Lawrence Kane fuese Zodiac.
Es un patrón que se repetirá constantemente.
Un sospechoso parece encajar.
Aparecen coincidencias.
Después llega la pregunta definitiva:
¿Dónde está la prueba?
Y el caso vuelve a quedarse en silencio.
Richard Gaikowski
El periodista Richard Gaikowski se convirtió en otro de los nombres recurrentes entre investigadores independientes del caso.
Había trabajado en medios contraculturales del área de San Francisco y determinados investigadores han señalado coincidencias biográficas, geográficas y lingüísticas que consideran sospechosas.
Incluso su aspecto ha sido comparado con el retrato robot elaborado después del asesinato de Paul Stine.
Pero una semejanza física no es una identificación.
Una coincidencia biográfica tampoco.
Y, nuevamente, no existe evidencia física concluyente que permita afirmar que Gaikowski era Zodiac.
Ross Sullivan
Ross Sullivan entró en la historia del caso fundamentalmente por una posible conexión con el asesinato de Cheri Jo Bates.
Bates, estudiante de 18 años, fue asesinada en Riverside en octubre de 1966.
Su caso presenta determinados elementos que posteriormente hicieron que algunos investigadores contemplaran una posible conexión con Zodiac.
Sullivan trabajaba en la biblioteca del Riverside City College y algunos conocidos llegaron a considerarlo sospechoso.
Sin embargo, el asesinato de Cheri Jo Bates no está oficialmente demostrado como obra del Zodiaco.
Por tanto, cualquier teoría construida a partir de esa conexión parte ya de una premisa incierta.
Cheri Jo Bates: ¿una víctima anterior al Zodiaco?
Este es uno de los grandes debates.
El 30 de octubre de 1966, Cheri Jo Bates fue asesinada cerca del Riverside City College.
Su automóvil había sido manipulado.
Meses después aparecieron cartas relacionadas con el crimen.
Cuando posteriormente comenzaron los asesinatos de Zodiac, investigadores observaron determinadas similitudes.
En 1971, el propio Zodiac escribió una carta en la que parecía atribuirse actividad criminal en Riverside.
¿Prueba definitiva?
No.
Los asesinos pueden mentir.
Especialmente un criminal cuya relación con los medios se basaba en presumir de víctimas y aumentar su notoriedad.
Las autoridades de Riverside no consideran demostrada la conexión.
Por eso Bates debe figurar como posible víctima, no como víctima confirmada.
Kathleen Johns: la mujer que escapó con su bebé
La noche del 22 de marzo de 1970, Kathleen Johns viajaba embarazada junto a su pequeña hija por una carretera cerca de Modesto.
Otro conductor le indicó que aparentemente tenía un problema con una rueda.
El hombre se ofreció a ayudarla.
Después de manipularla, la rueda terminó desprendiéndose.
El desconocido ofreció llevarlas hasta una gasolinera.
Johns aceptó.
Pronto comprendió que algo iba mal.
Según su relato, el hombre condujo durante un largo periodo y realizó comentarios amenazantes.
Finalmente Johns consiguió escapar junto a su hija.
Cuando llegó a una comisaría vio un retrato robot.
Afirmó que aquel hombre era quien la había recogido.
El retrato era el del Zodiaco.
Meses después Zodiac pareció atribuirse el episodio en una carta.
Pero, una vez más, el caso no está confirmado oficialmente como un ataque del Zodiaco.
Donna Lass: la desaparición que todavía genera preguntas
Donna Lass, una enfermera de 25 años, desapareció en septiembre de 1970 después de terminar su turno en un hotel-casino de Lake Tahoe.
Nunca volvió a aparecer.
Meses después llegó una extraña postal conocida como «Pines Card», que algunos interpretaron como una referencia a su desaparición.
La posible conexión con Zodiac continúa siendo discutida.
No existe una demostración definitiva de que Zodiac asesinara a Lass.
Su caso sirve para comprender uno de los principales problemas que rodean toda la investigación:
una vez creado el mito del Zodiaco, numerosos crímenes sin resolver comenzaron a orbitar alrededor de él.
¿Qué aspecto tenía Zodiac?
Gracias a los testigos relacionados con el asesinato de Paul Stine se elaboró uno de los retratos robot más famosos de la historia criminal.
Un hombre blanco.
Cabello corto.
Gafas.
Constitución robusta.
Aparentemente de mediana edad según algunas estimaciones.
Pero un retrato robot no es una fotografía.
Las estimaciones sobre altura, peso y edad variaron dependiendo de los testigos y los ataques.
Además, Zodiac llegó a afirmar que modificaba su apariencia cuando cometía sus crímenes.
Por eso intentar resolver el caso simplemente buscando a alguien que «se parezca al dibujo» es extremadamente peligroso.
Decenas de hombres podían encajar aproximadamente.
¿Era Zodiac un genio?
La cultura popular ha convertido al Zodiaco en una especie de supercriminal.
Un maestro de la criptografía.
Un genio que jugaba al ajedrez con la policía.
Un hombre siempre diez movimientos por delante.
La realidad probablemente sea bastante menos cinematográfica.
Cometió errores.
Fue visto por testigos.
Dejó supervivientes.
Probablemente dejó huellas.
Estuvo peligrosamente cerca de policías después del asesinato de Stine.
Sus códigos tampoco demuestran necesariamente que fuese un criptógrafo profesional.
De hecho, el Z340 permaneció sin resolver durante décadas en parte debido a su estructura peculiar y a las transformaciones empleadas, no porque necesariamente hubiese sido creado por un genio matemático.
Zodiac fue eficaz creando una imagen de sí mismo.
Y quizá esa sea una de las habilidades que mejor podemos demostrarle.
El asesino y los periódicos: una relación casi simbiótica
Sin prensa probablemente nunca habríamos conocido el nombre Zodiac.
Él mismo construyó el personaje.
Necesitaba que sus cartas fueran publicadas.
Amenazaba cuando no obtenía suficiente atención.
Contabilizaba víctimas.
Creaba símbolos.
Enviaba códigos.
Se burlaba de la policía.
Incluso reclamó que la gente llevara botones con el símbolo Zodiac.
Todo ello sugiere una necesidad extraordinaria de reconocimiento.
Pero debemos evitar convertir esa observación en un diagnóstico psicológico retrospectivo.
No conocemos su identidad.
No fue evaluado.
Lo que sí podemos afirmar es algo mucho más sencillo:
quería atención y utilizó los medios para conseguirla.
¿Por qué dejó de matar?
No lo sabemos.
Y esta pregunta puede ser casi tan importante como descubrir quién era.
Después de 1969 no existen asesinatos universalmente aceptados como crímenes confirmados del Zodiaco.
Las cartas continuaron durante años.
Entonces, ¿qué ocurrió?
Pudo morir.
Pudo ser encarcelado por otro delito.
Pudo abandonar California.
Pudo dejar de matar.
Pudo continuar cometiendo homicidios que nunca fueron relacionados con él.
O algunos de los crímenes posteriormente atribuidos de manera dudosa podrían haber sido realmente suyos.
No tenemos una respuesta.
La idea popular de que un asesino serial necesariamente continúa matando hasta ser detenido tampoco es una ley científica.
El silencio no demuestra qué ocurrió.
¿Está resuelto el caso del Zodiaco?
No.
Esta respuesta es especialmente importante porque periódicamente aparecen titulares anunciando que alguien «ha identificado definitivamente al Zodiac».
Diferentes investigadores privados, periodistas, familiares de sospechosos y grupos independientes han propuesto identidades.
Algunas teorías son interesantes.
Otras son extremadamente débiles.
Pero ninguna ha producido hasta ahora una identificación oficialmente demostrada mediante un conjunto concluyente de pruebas.
Por eso debemos diferenciar dos frases que parecen similares pero significan cosas completamente distintas:
«Creo que esta persona era Zodiac.»
y
«Se ha demostrado que esta persona era Zodiac.»
La primera puede sostener una teoría.
La segunda necesita pruebas.
Y esas pruebas definitivas siguen faltando.
Entonces… ¿quién fue el asesino del Zodiaco?
No lo sabemos.
Después de más de medio siglo, esa continúa siendo la única respuesta intelectualmente honesta.
Arthur Leigh Allen sigue siendo probablemente el sospechoso histórico más conocido y uno de los investigados con mayor intensidad.
Pero las pruebas físicas disponibles no permitieron demostrar que fuera Zodiac.
Lawrence Kane, Richard Gaikowski, Ross Sullivan y muchos otros nombres han sido propuestos.
Ninguno ha conseguido cerrar el caso.
Quizá la respuesta esté escondida en algún expediente policial.
Quizá una futura comparación genética consiga finalmente identificarlo.
Quizá su nombre aparezca en alguno de los códigos todavía sin resolver.
Quizá haya estado delante de nosotros durante cincuenta años.
O quizá muriera hace décadas sin contar jamás a nadie lo que hizo.
Eso es precisamente lo que diferencia al Zodiaco de Bundy, Dahmer, Gacy o BTK.
De ellos conocemos sus rostros.
Conocemos sus voces.
Sabemos dónde vivieron.
Sabemos cómo fueron capturados.
Podemos reconstruir sus vidas.
Del Zodiaco tenemos algo mucho más inquietante.
Tenemos cinco muertos confirmados.
Dos supervivientes.
Un retrato robot.
Huellas discutidas.
Cartas.
Tropezos ortográficos.
Fragmentos de una camisa ensangrentada.
Cuatro criptogramas principales.
Un símbolo.
Y una frase:
«This is the Zodiac speaking.»
Pero seguimos sin conocer al hombre que estaba hablando.
Y mientras no aparezca una prueba capaz de convertir una teoría en un hecho, el asesino del Zodiaco seguirá ocupando exactamente el lugar que él mismo pareció querer construir para sí:
un nombre conocido por todo el mundo detrás de un rostro que nadie ha conseguido identificar.