Ted Bundy, Jeffrey Dahmer, John Wayne Gacy, Jack el Destripador, Richard Ramirez, BTK… Sus nombres han terminado formando parte de la historia negra del crimen. Algunos parecían ciudadanos perfectamente normales. Otros se burlaron de la policía durante años. Algunos fueron descubiertos gracias a investigaciones extraordinarias y otros cayeron por un error casi absurdo.
Y unos pocos jamás fueron capturados.
Hablar de los asesinos en serie más famosos de la historia plantea, además, un problema: ¿qué entendemos exactamente por asesino en serie?
El FBI ha empleado como definición operativa el asesinato ilegal de dos o más víctimas por el mismo delincuente o delincuentes en acontecimientos separados. Es importante porque no hablamos simplemente de alguien que haya matado a muchas personas, sino de asesinatos cometidos en episodios diferentes.
También conviene aclarar algo antes de comenzar. Las cifras atribuidas a algunos criminales varían enormemente dependiendo de si hablamos de víctimas demostradas judicialmente, confesadas, reconocidas oficialmente o sospechadas. Por ello, siempre que sea necesario distinguiremos unas de otras.
No estamos, por tanto, ante una competición macabra por descubrir quién mató más.
Este es un recorrido por 20 de los asesinos seriales más notorios de la historia, sus crímenes, sus víctimas y, especialmente, los errores y las investigaciones que finalmente permitieron detenerlos.
1. Ted Bundy: el asesino que parecía incapaz de serlo

Estados Unidos | Principal periodo criminal conocido: década de 1970 | Confesó 30 asesinatos
Si existe un nombre que prácticamente se ha convertido en sinónimo de «asesino en serie», probablemente sea Ted Bundy.
Y buena parte de su notoriedad procede precisamente de la contradicción entre su apariencia y sus crímenes.
Bundy podía resultar educado, atractivo y aparentemente inofensivo. Precisamente explotaba esa imagen para aproximarse a mujeres jóvenes. En ocasiones fingía estar lesionado, apareciendo con un brazo en cabestrillo o utilizando muletas para solicitar ayuda.
Después comenzaban las desapariciones.
Durante 1974 varias jóvenes desaparecieron en el estado de Washington. Los testigos comenzaron a aportar detalles inquietantemente coincidentes: un Volkswagen Beetle y un hombre joven que, según algunos testimonios, se presentaba como «Ted».
Bundy se trasladó posteriormente a Utah y los crímenes continuaron.
¿Cómo capturaron a Ted Bundy?
Su primera gran caída tuvo algo de rutinario.
En agosto de 1975, un policía lo detuvo mientras conducía su Volkswagen. En el vehículo aparecieron objetos sospechosos, entre ellos esposas, una cuerda y un pasamontañas. Posteriormente fue condenado por el secuestro y agresión de una joven que había conseguido escapar.
Pero Bundy todavía protagonizaría uno de los capítulos más increíbles de la historia criminal estadounidense.
Escapó dos veces.
En junio de 1977 huyó desde un tribunal de Colorado saltando por una ventana. Fue recapturado, pero meses después volvió a escapar, esta vez atravesando una abertura en el techo de su celda.
Llegó hasta Florida.
Allí volvió a matar.
Finalmente, durante la madrugada del 15 de febrero de 1978, un policía de Pensacola observó un Volkswagen robado. Bundy intentó resistirse, pero fue detenido. El agente inicialmente ni siquiera sabía que acababa de capturar a uno de los hombres más buscados de Estados Unidos.
Bundy terminó confesando 30 asesinatos, aunque el número real continúa siendo incierto.
Fue ejecutado en la silla eléctrica en Florida el 24 de enero de 1989.
2. Jeffrey Dahmer: el hombre del apartamento 213

Estados Unidos | 1978-1991 | 17 víctimas
La noche del 22 de julio de 1991, dos policías de Milwaukee encontraron a un joven parcialmente desnudo corriendo por la calle.
De una de sus muñecas colgaba una esposa.
Se llamaba Tracy Edwards.
Les dijo que un hombre lo había amenazado con un cuchillo. Los agentes lo acompañaron hasta el apartamento del supuesto agresor.
Su nombre era Jeffrey Dahmer.
Lo que encontraron dentro transformó una intervención policial aparentemente rutinaria en uno de los casos criminales más estremecedores de Estados Unidos.
Fotografías, restos humanos y pruebas relacionadas con múltiples víctimas condujeron inmediatamente a su arresto. El FBI señala que posteriormente se encontraron restos pertenecientes a 11 víctimas en el apartamento.
Dahmer confesó haber asesinado a 17 hombres y jóvenes entre 1978 y 1991. Sus crímenes incluyeron actos de necrofilia y desmembramiento y, en algunos casos, canibalismo.
¿Cómo capturaron a Jeffrey Dahmer?
Por una víctima que consiguió escapar.
Ese detalle es especialmente importante.
Después de trece años desde su primer asesinato, no fue un sofisticado perfil psicológico ni una enorme operación policial la que precipitó directamente su caída.
Fue Tracy Edwards sobreviviendo y llegando hasta la policía.
Dahmer recibió múltiples cadenas perpetuas. No sería ejecutado.
El 28 de noviembre de 1994, otro preso, Christopher Scarver, lo mató dentro de la prisión de Columbia, Wisconsin.
Tenía 34 años.
3. John Wayne Gacy: cadáveres bajo la casa

Estados Unidos | década de 1970 | 33 víctimas conocidas
John Wayne Gacy poseía una empresa de construcción, participaba en actividades comunitarias y llegó a entretener a niños caracterizado como Pogo el Payaso.
Debajo de esa apariencia se escondía una realidad completamente diferente.
Gacy asesinó a 33 jóvenes y adolescentes.
Una gran parte de los cuerpos terminaron enterrados en el espacio existente bajo su propia vivienda.
Su caída comenzó en diciembre de 1978 con la desaparición de Robert Piest, un adolescente de 15 años que había hablado con Gacy poco antes de desaparecer.
Los investigadores comenzaron a vigilarlo.
La policía registró su casa y encontró diferentes objetos que incrementaron las sospechas. Conforme la presión policial aumentaba, el comportamiento de Gacy se volvió cada vez más errático.
Finalmente llegó la confesión.
Y después, la excavación.
Bajo aquella vivienda aparecieron los restos de numerosas víctimas.
Gacy fue condenado a muerte y ejecutado mediante inyección letal el 10 de mayo de 1994.
4. Jack el Destripador: el asesino al que nunca atraparon
Londres | 1888 | Cinco víctimas canónicas, aunque se le han atribuido más
Más de 130 años después, seguimos sin saber quién era.
En 1888, varias mujeres fueron asesinadas en el empobrecido distrito londinense de Whitechapel. Cinco casos —Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly— constituyen las llamadas cinco víctimas canónicas habitualmente relacionadas con Jack el Destripador.
Los asesinatos provocaron una enorme conmoción.
A la prensa y a la policía comenzaron a llegar cartas supuestamente escritas por el criminal. Una de ellas popularizó una firma que terminaría sobreviviendo a su autor:
Jack the Ripper. Jack el Destripador.
Sin embargo, la autenticidad de varias de aquellas cartas ha sido discutida durante más de un siglo.
¿Cómo capturaron a Jack el Destripador?
Nunca lo hicieron.
Ese es precisamente uno de los motivos por los que el caso continúa generando libros, documentales, investigaciones y teorías.
Médicos, carniceros, aristócratas, inmigrantes, delincuentes e incluso miembros relacionados por diferentes teorías con la familia real británica han figurado entre los sospechosos propuestos.
Ninguno ha podido ser demostrado definitivamente como Jack el Destripador.
Su identidad continúa siendo uno de los grandes misterios de la historia criminal.
5. Richard Ramirez: el Acosador Nocturno
Estados Unidos | 1984-1985 | Al menos 14 asesinatos atribuidos
California vivió aterrorizada durante 1985.
El asesino parecía impredecible.
Entraba en viviendas durante la noche. Sus víctimas podían ser hombres o mujeres, jóvenes o ancianos. Esa aparente ausencia de un patrón demográfico sencillo aumentó la sensación de que cualquiera podía convertirse en su próxima víctima.
La prensa terminó bautizándolo como Night Stalker, el Acosador Nocturno.
Su nombre real era Richard Ramirez.
¿Cómo capturaron al Night Stalker?
Una huella dactilar encontrada en un automóvil abandonado permitió identificarlo.
La policía difundió entonces su fotografía.
El 31 de agosto de 1985, Ramirez regresó a Los Ángeles después de viajar en autobús y comenzó a comprobar que su rostro aparecía en periódicos y televisión.
La gente también lo reconoció.
Intentó robar varios vehículos mientras huía por un barrio del este de Los Ángeles.
Los vecinos lo persiguieron.
Y lo atraparon.
La policía terminó teniendo que intervenir para proteger al propio Ramirez de la multitud.
Fue condenado a muerte, aunque jamás llegó a ser ejecutado. Murió en prisión en 2013 después de desarrollar cáncer.
6. Dennis Rader: BTK y el error que lo delató
Estados Unidos | 1974-1991 | 10 víctimas
Durante décadas consiguió mantener dos vidas.
En una estaba casado, tenía hijos, trabajaba y participaba activamente en su comunidad.
En la otra era BTK.
Las iniciales procedían del nombre que él mismo utilizaba para describir sus crímenes: Bind, Torture, Kill.
Atar. Torturar. Matar.
Dennis Rader asesinó a 10 personas entre 1974 y 1991.
Pero había algo que necesitaba casi tanto como cometer sus crímenes:
ser reconocido.
Enviaba comunicaciones a medios de comunicación y autoridades. Tras años de silencio volvió a contactar con ellos en 2004.
Y aquella necesidad de notoriedad terminó destruyéndolo.
El disquete que acabó con BTK
Rader preguntó a la policía si podía enviarles información mediante un disquete sin que este pudiera ser rastreado.
Las autoridades le hicieron creer que sí.
Rader confió en ellos.
Envió el disquete.
Los investigadores recuperaron metadatos que apuntaban a un usuario llamado Dennis y a una iglesia relacionada con él. La investigación se estrechó alrededor de Dennis Rader y las pruebas de ADN terminaron reforzando la identificación.
Fue arrestado en febrero de 2005.
Después de décadas ocultándose, una de las herramientas que ayudaron decisivamente a encontrarlo había sido entregada por él mismo.
7. Aileen Wuornos: siete hombres muertos en las carreteras de Florida

Estados Unidos | 1989-1990 | 7 víctimas
Aileen Wuornos se convirtió en una de las asesinas seriales más conocidas de Estados Unidos.
Trabajaba como prostituta en las carreteras de Florida cuando, entre 1989 y 1990, siete hombres fueron asesinados a tiros.
Wuornos sostuvo que había actuado en defensa propia frente a hombres que intentaron agredirla sexualmente, aunque sus versiones variaron con el tiempo y los fiscales rechazaron esa explicación general de los homicidios.
La policía terminó relacionando objetos pertenecientes a las víctimas con Wuornos y su pareja, Tyria Moore.
Moore colaboró posteriormente con los investigadores.
¿Cómo atraparon a Aileen Wuornos?
Fue detenida el 9 de enero de 1991 en el bar The Last Resort, en Port Orange, inicialmente por una orden pendiente.
Pero la policía ya estrechaba el cerco.
Moore participó en llamadas telefónicas destinadas a conseguir que Wuornos hablase sobre los crímenes.
Finalmente confesó.
Fue condenada a muerte y ejecutada mediante inyección letal en Florida el 9 de octubre de 2002.
8. Gary Ridgway: el asesino de Green River
Estados Unidos | principalmente décadas de 1980 y 1990 | 49 condenas por asesinato
Durante años, mujeres jóvenes comenzaron a desaparecer en el estado de Washington.
Varios cuerpos fueron encontrados cerca del Green River, lo que dio al desconocido criminal el nombre con el que pasaría a la historia:
Green River Killer.
Gary Ridgway atacaba principalmente a mujeres jóvenes, muchas de ellas prostitutas o personas en situaciones de vulnerabilidad.
La policía llegó a interrogarlo mucho antes de conseguir acusarlo.
Ridgway incluso pasó una prueba de polígrafo en 1984.
El caso demuestra de manera brutal que aparecer en el radar policial no siempre significa que existan pruebas suficientes para detener a un asesino.
El ADN consiguió lo que durante años parecía imposible
Ridgway había proporcionado una muestra biológica a los investigadores en 1987.
Años después, los avances tecnológicos permitieron comparar aquella muestra con evidencia recuperada de las víctimas.
En 2001 fue arrestado.
Finalmente se declaró culpable de 48 asesinatos, a los que posteriormente se añadió otro, elevando sus condenas a 49.
Ridgway afirmó haber matado a muchas más mujeres.
9. Harold Shipman: el médico que mataba a sus pacientes
Reino Unido | principalmente décadas de 1970-1990 | 15 asesinatos probados en juicio; una investigación oficial atribuyó muchas más muertes
El doctor Harold Shipman representa una categoría especialmente perturbadora.
Sus víctimas confiaban en él.
Era su médico.
La mayoría eran mujeres de edad avanzada. Shipman acudía a sus domicilios y utilizaba su posición profesional para ocultar durante años lo que estaba ocurriendo.
El caso comenzó a desmoronarse tras la muerte de Kathleen Grundy en 1998.
Su hija, Angela Woodruff, descubrió que un testamento atribuía una importante herencia al propio Shipman.
Sospechó.
El documento resultó ser falso.
El cadáver de Grundy fue exhumado y los análisis encontraron evidencia de diamorfina.
La investigación creció.
Shipman fue condenado en enero de 2000 por 15 asesinatos y por falsificar el testamento.
Una investigación pública posterior examinó centenares de muertes y concluyó que el número de víctimas atribuibles a Shipman era muchísimo mayor.
Se suicidó en prisión en 2004.
10. Andrei Chikatilo: el Carnicero de Rostov
Unión Soviética | 1978-1990 | 52 asesinatos por los que fue condenado
Durante años, niños, adolescentes y mujeres fueron asesinados en diferentes lugares de la Unión Soviética.
El responsable era Andrei Chikatilo.
La investigación sufrió errores gravísimos.
En uno de los episodios más trágicos, otro hombre, Alexander Kravchenko, fue condenado y ejecutado por uno de los asesinatos que posteriormente se atribuyeron a Chikatilo.
Chikatilo llegó a ser detenido en 1984, pero fue puesto en libertad después de que las pruebas disponibles entonces no consiguieran vincularlo adecuadamente con los crímenes.
Continuó matando.
Finalmente, en noviembre de 1990, un policía observó su comportamiento sospechoso cerca de una estación ferroviaria después de que hubiera abandonado una zona boscosa.
Los investigadores comenzaron a seguirlo.
Fue arrestado días después.
Tras un prolongado interrogatorio terminó confesando numerosos asesinatos.
Fue condenado por 52 homicidios y ejecutado en 1994.
11. David Berkowitz: el Hijo de Sam
Estados Unidos | 1976-1977 | 6 muertos y varios heridos
Nueva York vivió un verano de auténtico pánico.
Un hombre disparaba contra jóvenes, frecuentemente parejas, y enviaba cartas provocadoras a la policía y a los periódicos.
La prensa lo conoció como Son of Sam.
Su verdadero nombre era David Berkowitz.
Su caída comenzó por algo extraordinariamente trivial comparado con la magnitud de sus crímenes:
una multa de aparcamiento.
Los investigadores comprobaron los vehículos que habían recibido sanciones cerca de la escena de uno de los ataques.
Uno pertenecía a Berkowitz.
La policía comenzó a investigarlo y encontró más elementos sospechosos.
El 10 de agosto de 1977 lo esperaron junto a su automóvil.
Habían encontrado al Hijo de Sam.
Berkowitz fue condenado a múltiples penas de prisión de 25 años a cadena perpetua.
12. Edmund Kemper: el asesino que llamó a la policía
Estados Unidos | principalmente 1972-1973 | 10 víctimas en total
Edmund Kemper medía más de dos metros y poseía una inteligencia notable.
A los 15 años asesinó a sus abuelos.
Fue internado en una institución psiquiátrica y posteriormente liberado.
Años después comenzó a recoger a jóvenes autoestopistas en California.
Varias nunca regresaron.
Kemper terminaría asesinando también a su propia madre y a una amiga de esta.
Después hizo algo insólito.
Llamó a la policía.
Inicialmente, el agente que atendió la llamada creyó que estaba bromeando. Kemper era conocido por algunos policías locales y frecuentaba un bar al que acudían agentes.
Tuvo que insistir.
Les estaba diciendo la verdad.
Había llamado para entregarse.
13. H. H. Holmes: crimen y leyenda en la Chicago del siglo XIX

Estados Unidos | finales del siglo XIX | 9 asesinatos confesados; el número real es discutido
Pocas figuras de la historia criminal estadounidense acumulan tantas leyendas como Herman Webster Mudgett, más conocido como H. H. Holmes.
Su nombre quedó asociado a un edificio de Chicago que posteriormente sería conocido popularmente como el Murder Castle, el «Castillo de los Asesinatos».
Con el tiempo surgieron historias sobre habitaciones secretas, trampas, cámaras de gas y cantidades enormes de víctimas relacionadas con la Exposición Mundial Colombina de Chicago de 1893.
El problema es que buena parte de la leyenda fue amplificada por la prensa sensacionalista y relatos posteriores.
Holmes sí fue un asesino.
Pero separar sus crímenes documentados del mito exige cautela.
Fue finalmente arrestado en Boston en 1894, inicialmente dentro de una investigación relacionada con fraude.
La investigación terminaría revelando asesinatos.
Fue condenado por matar a Benjamin Pitezel y ejecutado en 1896.
14. Albert DeSalvo y el misterio del Estrangulador de Boston
Estados Unidos | asesinatos atribuidos al Boston Strangler: 13 mujeres, 1962-1964
Entre 1962 y 1964, trece mujeres fueron asesinadas en Boston y sus alrededores.
La prensa comenzó a hablar del Boston Strangler.
Albert DeSalvo confesó ser el responsable.
Pero existe una particularidad fundamental:
DeSalvo nunca fue juzgado ni condenado por los asesinatos del Estrangulador de Boston.
Fue encarcelado por otros delitos sexuales.
Durante décadas existieron dudas importantes sobre si realmente había cometido todos los asesinatos que confesó.
Décadas después, las pruebas genéticas vincularon a DeSalvo con el asesinato de Mary Sullivan, una de las víctimas tradicionalmente atribuidas al Estrangulador.
Eso aportó una pieza importantísima al rompecabezas, pero no demuestra automáticamente que DeSalvo fuese responsable de todos los homicidios atribuidos históricamente al mismo asesino.
Fue asesinado en prisión en 1973.
15. Peter Kürten: el Vampiro de Düsseldorf
Alemania | principalmente 1929-1930
Mucho antes de Bundy, Dahmer o Gacy, Alemania conoció a uno de los criminales que ayudarían a construir la imagen moderna del asesino serial.
Peter Kürten, conocido como el Vampiro de Düsseldorf, cometió asesinatos y agresiones que generaron una enorme alarma pública a finales de la década de 1920.
Atacaba a hombres, mujeres y niños.
El caso inspiraría indirectamente parte del imaginario cultural que rodeó a la película M, de Fritz Lang, aunque Lang negó que la obra estuviera basada exclusivamente en Kürten.
¿Cómo fue capturado?
Una de las mujeres a las que atacó sobrevivió.
La información que proporcionó terminó acercando a la policía hasta él.
Kürten comprendió que el cerco se cerraba y confesó a su esposa lo que había hecho. Ella informó a las autoridades.
Fue arrestado en 1930.
Un año después murió guillotinado.
16. Fritz Haarmann: el Vampiro de Hannover
Alemania | 1918-1924 | 24 asesinatos por los que fue condenado
Mientras Alemania intentaba recuperarse de la Primera Guerra Mundial, jóvenes y adolescentes comenzaron a desaparecer en Hannover.
Detrás de aquellas desapariciones estaba Fritz Haarmann.
Su caso se convirtió en uno de los grandes escándalos criminales de la República de Weimar.
Haarmann se aproximaba principalmente a muchachos jóvenes, algunos de ellos fugitivos o personas especialmente vulnerables.
El descubrimiento de restos humanos y el aumento de las sospechas terminaron provocando una investigación a gran escala.
Fue procesado por decenas de asesinatos y condenado por 24.
Murió guillotinado en 1925.
17. Alexander Pichushkin: el asesino del tablero de ajedrez
Rusia | 1992-2006 | 48 asesinatos por los que fue condenado
Alexander Pichushkin recibió un sobrenombre particularmente siniestro:
el asesino del tablero de ajedrez.
Gran parte de sus crímenes estuvieron relacionados con el parque Bittsevsky de Moscú.
Pichushkin afirmó posteriormente haber querido alcanzar una cifra relacionada con las 64 casillas de un tablero de ajedrez, aunque las afirmaciones de los propios asesinos deben tratarse siempre con precaución.
Su caída llegó en 2006 después del asesinato de Marina Moskalyova.
La víctima había dejado información indicando que iba a encontrarse con Pichushkin.
Las cámaras del metro también ayudaron a reconstruir sus movimientos.
La policía llegó hasta él.
En 2007 fue condenado por 48 asesinatos y tres intentos de asesinato y sentenciado a cadena perpetua.
18. Rodney Alcala: el asesino que apareció en televisión
Estados Unidos | décadas de 1960 y 1970 | condenado por múltiples asesinatos
Una de las cosas más inquietantes de Rodney Alcala es que millones de personas han podido verlo sonriendo ante una cámara de televisión.
En 1978 apareció como concursante en el programa estadounidense The Dating Game.
Ganó.
La mujer que lo seleccionó finalmente decidió no acudir a la cita.
Por entonces, Alcala ya había cometido graves delitos y posteriormente sería relacionado con múltiples asesinatos.
Su afición a la fotografía también desempeñaría un papel inquietante en el caso: poseía centenares de imágenes de mujeres y jóvenes, y durante años las autoridades intentaron identificar a algunas de las personas fotografiadas.
Alcala fue condenado a muerte en California por cinco asesinatos y posteriormente se declaró culpable de otros dos homicidios en Nueva York.
Murió en prisión en 2021.
19. Israel Keyes: el asesino que intentó no dejar un patrón
Estados Unidos | actividad criminal conocida hasta 2012 | 3 asesinatos demostrados; confesó otros
Israel Keyes constituye un caso particularmente inquietante porque intentó evitar precisamente aquello que suele ayudar a identificar a un asesino serial:
un patrón evidente.
Viajaba grandes distancias.
Preparaba escondites con armas, dinero y herramientas mucho antes de utilizarlos.
Seleccionaba víctimas en lugares diferentes.
Intentaba separar geográficamente sus crímenes.
Durante años consiguió pasar desapercibido.
Pero en 2012 secuestró y asesinó a Samantha Koenig, de 18 años, en Anchorage, Alaska.
Después utilizó la tarjeta bancaria de la víctima.
Aquello permitió a los investigadores seguir un rastro financiero a través de diferentes estados.
Keyes fue finalmente detenido en Texas en marzo de 2012.
Confesó varios asesinatos y aseguró haber cometido otros.
Nunca se llegó a conocer completamente el alcance de sus crímenes.
Se suicidó en prisión en diciembre de ese mismo año.
20. El Asesino del Zodiaco: cartas, criptogramas y una identidad todavía desconocida
Estados Unidos | finales de la década de 1960 | Cinco asesinatos confirmados habitualmente asociados al caso
Terminamos como comenzamos: con un asesino al que nunca consiguieron identificar de manera concluyente.
El Zodiac Killer atacó a varias personas en el norte de California entre 1968 y 1969.
Pero los asesinatos fueron solo una parte del fenómeno.
El responsable comenzó a enviar cartas y criptogramas a los periódicos, amenazando con continuar matando si sus mensajes no eran publicados.
Firmaba utilizando un símbolo:
un círculo atravesado por una cruz.
Y se otorgó a sí mismo el nombre que acabaría convirtiéndose en leyenda:
Zodiac.
Algunos de sus criptogramas fueron resueltos. Otros continúan generando controversia.
Decenas de sospechosos han sido propuestos durante décadas. Uno de los más conocidos fue Arthur Leigh Allen, pero nunca se consiguió demostrar que fuese el Zodiac.
¿Cómo capturaron al asesino del Zodiaco?
No lo hicieron.
Y esa ausencia de un final explica buena parte de la fascinación que continúa rodeando el caso.
A diferencia de Bundy, Dahmer, Gacy o Ramirez, no tenemos una fotografía definitiva del hombre detrás del nombre.
Tenemos cartas.
Tenemos testimonios.
Tenemos escenas del crimen.
Tenemos un retrato robot.
Tenemos sospechosos.
Pero no tenemos una identidad demostrada.
Más de medio siglo después, Zodiac continúa siendo uno de los grandes enigmas de la historia criminal estadounidense.
¿Cuál fue el asesino en serie con más víctimas?
La pregunta parece sencilla.
No lo es.
Todo depende de qué consideremos una víctima atribuible y del grado de certeza exigido.
Por ejemplo, Harold Shipman fue condenado por 15 asesinatos, pero la investigación oficial posterior concluyó que había matado a muchas más personas.
Gary Ridgway recibió 49 condenas por asesinato, pero afirmó haber matado a más mujeres.
Ted Bundy confesó 30 homicidios, mientras que investigadores han considerado posible que existieran más víctimas.
Andrei Chikatilo fue condenado por 52 asesinatos.
Y existen criminales fuera de esta selección a quienes se han atribuido cantidades todavía superiores, aunque en algunos casos las cifras proceden fundamentalmente de confesiones cuya fiabilidad resulta discutida.
Por eso las listas de Internet tituladas «los asesinos en serie que más personas mataron» deben interpretarse con mucha cautela.
Una confesión no es lo mismo que una condena.
Una sospecha no es una víctima confirmada.
Y una desaparición ocurrida cerca de un asesino conocido tampoco demuestra automáticamente que fuese responsabilidad suya.
¿Por qué nos fascinan tanto los asesinos en serie?
Ted Bundy parecía un joven universitario perfectamente convencional.
John Wayne Gacy participaba en su comunidad.
Harold Shipman era un médico respetado por numerosos pacientes.
Dennis Rader era padre de familia y participaba activamente en su iglesia.
Jeffrey Dahmer vivía en un apartamento aparentemente normal.
Quizá ahí resida una parte importante de nuestra fascinación.
Nos gustaría imaginar que alguien capaz de cometer estos crímenes debería resultar inmediatamente reconocible.
Que debería tener algo en la mirada.
Una forma extraña de hablar.
Un comportamiento imposible de ocultar.
Una especie de señal invisible que nos permitiera pensar:
«Yo habría sabido que era peligroso».
La historia demuestra que no siempre funciona así.
El FBI lleva décadas estudiando precisamente el comportamiento de delincuentes violentos. Sus agentes entrevistaron a asesinos como Gacy, Bundy y Dahmer para comprender mejor sus motivaciones, métodos y patrones de conducta.
Pero tampoco existe un perfil mágico capaz de describir a todos los asesinos seriales.
No todos poseen una inteligencia extraordinaria.
No todos son psicópatas.
No todos tuvieron infancias idénticas.
No todos actúan por motivos sexuales.
Y, desde luego, no todos son Hannibal Lecter.
Los errores que terminaron atrapándolos
Hay algo especialmente llamativo cuando observamos estos veinte casos en conjunto.
Algunos criminales consiguieron ocultarse durante años o incluso décadas, pero muchos terminaron cayendo por acontecimientos sorprendentemente pequeños.
Ted Bundy fue detenido definitivamente mientras conducía un automóvil robado.
Richard Ramirez fue identificado gracias, entre otras pruebas, a una huella dactilar y terminó siendo reconocido y perseguido por ciudadanos.
David Berkowitz, el Hijo de Sam, cayó después de que los investigadores siguieran la pista de una multa de aparcamiento.
BTK confió en que un disquete no podría conducir a la policía hasta él.
Israel Keyes, que había realizado enormes esfuerzos para evitar patrones, utilizó la tarjeta bancaria de una víctima.
Jeffrey Dahmer perdió el control sobre una víctima que consiguió escapar.
Harold Shipman falsificó un testamento.
Otros fueron descubiertos gracias al ADN, supervivientes, cámaras de seguridad, objetos de las víctimas o investigaciones que necesitaron años para dar resultado.
Y después están los dos grandes fantasmas de esta lista:
Jack el Destripador y Zodiac.
Ellos nunca fueron identificados de manera concluyente.
20 asesinos, 20 historias y ningún perfil perfecto
Quizá esa sea la conclusión más importante.
Cuando comprimimos todos estos nombres bajo la etiqueta de «asesino en serie», resulta fácil imaginar que estamos hablando del mismo tipo de persona.
No es así.
Un médico británico que mata pacientes ancianas no se parece demasiado a un delincuente que entra de noche en viviendas de California.
Un hombre que escribe criptogramas a periódicos no necesariamente posee las mismas motivaciones que otro que selecciona víctimas vulnerables.
Algunos buscaron notoriedad.
Otros intentaron desaparecer.
Algunos conservaron recuerdos de sus víctimas.
Otros intentaron eliminar cualquier conexión entre un crimen y el siguiente.
Algunos confesaron.
Otros mintieron.
Y algunos se llevaron su identidad a la tumba.
Pero todos dejaron detrás algo mucho más importante que sus apodos, sus fotografías policiales o las películas que posteriormente se hicieron sobre ellos:
víctimas reales.
Porque detrás de nombres convertidos en iconos del true crime —Bundy, Dahmer, Gacy, BTK, Ramirez, Zodiac— existieron personas que salieron de casa un día y nunca regresaron.
Y quizá esa sea la perspectiva que nunca debería perderse cuando contamos sus historias.
Los asesinos terminaron haciéndose famosos.
Sus víctimas no deberían convertirse simplemente en un número.