El hombre que recogía jóvenes en las carreteras de Santa Cruz ya había matado antes. No era una sospecha olvidada ni un rumor familiar: Edmund Kemper había asesinado a sus abuelos siendo adolescente. Años después volvió a estar en libertad. Y volvió a matar.
Un antecedente imposible de ignorar
Kemper nació en California en 1948. En 1964, a los quince años, mató a sus abuelos paternos y fue internado en el hospital de Atascadero. Salió en 1969, cuando tenía veintiún años. Su posterior historia obliga a mirar esa secuencia completa: el asesino de las universitarias no apareció de pronto en 1972.
Su altura, su inteligencia y sus entrevistas posteriores se han convertido en elementos recurrentes del relato. Ninguno de ellos explica por sí solo sus actos. Resulta más útil examinar las decisiones y oportunidades concretas que le permitieron acercarse a las víctimas.
La carretera como punto de encuentro
Entre 1972 y 1973 asesinó a seis jóvenes, varias de ellas estudiantes que hacían autostop. Ofrecía transporte y convertía una situación cotidiana en el comienzo del ataque. El vehículo permitía alejar a las víctimas de testigos y de los lugares donde podían recibir ayuda.
Los delitos incluyeron violencia sexual y actos contra los cuerpos. Es posible entender la gravedad del caso sin recrearse en esos detalles: lo central es que las jóvenes confiaron en un trayecto del que no pudieron regresar.
La llamada que terminó la búsqueda
En abril de 1973 mató a su madre y a una amiga de ella. Después abandonó California y llamó a la policía desde Colorado para confesar. Su entrega constituye una diferencia importante respecto a otras historias del archivo: la serie no terminó mediante una identificación genética ni por una detención durante otro delito.
Fue condenado por los ocho asesinatos de aquella etapa. Sumados los dos homicidios de sus abuelos, el total de víctimas vinculado al caso es diez.
Qué aportan sus explicaciones
Kemper habló extensamente con investigadores y describió resentimientos hacia su madre y fantasías violentas. Sus testimonios han sido utilizados para estudiar la conducta criminal, pero una confesión también es la versión del responsable. La lectura editorial de este expediente exige conservar esa distancia: escuchar una explicación no significa aceptarla como causa única, y comprender el relato del asesino no debe borrar las vidas de las personas a las que mató.
Diez víctimas en total: sus dos abuelos y ocho personas asesinadas en 1972–1973.
Desenlace judicial: Ocho condenas por asesinato en 1973; dos homicidios previos de sus abuelos.
Cronología del caso
Ficha elaborada el 2026-10-03. Las cifras indican su grado de acreditación y, cuando corresponde, la fecha del balance citado.
Imagen documental: Santa Cruz County Sheriff's Office Cropped by Zaostao. Procedencia y condiciones. La fuente identifica esta imagen como de dominio público. Consulta las condiciones originales.



